jueves, 26 de febrero de 2009

Una mujer de edad madura habla con su padre

Una mujer de edad madura habla con su padre, ...al que no ha visto desde hace muchos años.

De cuerpo presente, se encuentra expuesto en un gran catafalco.


¡Al fin caíste viejo zorro!

Me alegro de verte papi,
muerto estás mucho más guapo,
así calladito
Mírate que elegante y sereno con tus triunfos y condecoraciones,
Tus mejores galas y afeites,
¡Hasta hoy estás guapo hijo de puta!
Cuasi cadáver de Estado, ilustre y lustroso muerto, calladito, tranquilo, sosegado...

No te mereces la paz de la muerte,
Crápula de alcantarilla!

Para ti todo valía
Con tal de dar gusto a tu insaciable ego
Mi madre murió cansada y aburrida de tus secretos, tus infidelidades, tu incoherencia y tu locura

Loco, loco, loco
Pobre sombra estrafalaria de tu exuberante personaje público,

¡Tú me arruinaste la vida!

Recuerdo cuando me recomendaste que me echara novia,
...después de tu profesional puesta a punto...
en cientos de noches de amor prohibido e incestuoso...
Cuando tu me desnudabas mientras yo me hacía el dormido
Y tus sabios dedos recorrían mi cuerpo despertando mi desconocida sensibilidad.
Mi primera corrida el primer día que viste que me empalmaba,
Tu mano enorme arrancado a mi pequeña verga, su primera cosecha,
Su nectar divino.
No creas que me gustó,
Te dije no creo que yo vaya a hacer esto muchas veces,
Ha sido algo raro, como si me meara dormido,
¡qué equivocada estaba!
Me pajee todo lo que pude hasta que decidí cortarmela
Para tener una pequeñita como las mujeres,
Con el glande de mi capullo reconstruido como mis nuevos labios,
¡Imagino como habrías babeado con mi cosita!
¡Te gustaban las emociones fuertes verdad cabrón!



Y me eché novia, claro,
La dejé predaña,
Nunca supe si tú también te la tiraste. Supongo que sí, menudo morbo.
Ella que era de familia cristiana de a las diez en casa.
Te negaste a casarnos, claro, libertino astuto y clarividente.
Pobre Eugenia, la llevaste tu mismo a abortar en Londres,
Con rapidez y sigilo y una bonita puesta en escena,
En la que la madre de Eugenia se convenció de que su hija no estaba embarazada al comprobar por sus sábanas que le había bajado la regla.
Creo que aquel día, huerfano del hijo que jamás tendría
Decidí ser ya mujer para siempre.

Han pasado muchos años verdad viejo zorro....
Ja, Ja... imagino tu cara libidinosa al ver mis primeras fotos después de la operación,
(Saca una revista con grandes fotos en color)
princesita me dirías rozando sutilmente con tus labios carnosos el couché...
Tu princesita
Ya no es más que una vieja Reina,
(Estornuda)
Y no hay nada más ridículo que una vieja drag con un resfriado.



Canalla divertido, exuberante e ingenioso,
Vencedor de mil batallas de erudición, talante y florido discurso,
Ambiguo donjuan conquistador de tiernas damitas y pequeños efebos...

Una amigo me dijo hace poco: “con lo que me hubiera gustado que mi padre abusara de mí, no entiendo como sigues con ese rollo”
Bueno, he seguido relativamente con ese rollo,
Pero que quieres que te diga
Imagino tu polla flácida y reducida bajo el traje de etiqueta,
Con sus ajados testículos, sus verrugas y lunares y un escaso blanquecino vello.

Ah, pero ya no podrías enseñarme a hacerme una paja, eh
Yo hace muchos años que me quité la polla,
Fue una operación carísima y me dejaron perfecta,
Una obra de arte de la cirugía.
Claro que conociéndote, ahora querrías poseerme
Con ese pingo ridículo incapaz ya de enderezarse.

Soy una vieja reina, es verdad,
Pero al fin he acabado contigo
Y he encontrao la Paz
DE LOS VIVOS!

Me pregunto si después de todo
No debería agradecerte que me indujeras
A convertirme en mujer,
En tu princesita, verdad.
Y como mujer he vivido dos terceras partes de mi vida,
Lejos de ti,
En otro mundo
Que solo a veces de forma tangencial se tocaba con el tuyo.
¿No habrás dejado algo escrito?
Tu fusites mi gran amor
Y yo ¿qué fui?
¿Un experimento? ¿Un capricho? ¿Una debilidad?
Una creación de tu divino yo,
Que después de todo no salió como hubieras deseado,
¿oh sí?
Tu perfecta princesita,
Reina indiscutible de la noche,
Perra perdida que hasta aporta algo de glamour a tu suculento currículum
Tuviste una oveja negra,
Que le daba un toque moderno a la familia,
Puta rastrera de braguetazas,
Eterno aspirante al cielo de los divinos.

Se inclina sobre el cadáver y le da un largo beso en la boca

miércoles, 11 de febrero de 2009

El Pequeño Volcán


Steven Thrope tenía dieciseis años y una larga melena rojiza cuando le conocí en Londres en 1980. Había nacido en algún lugar de la Common Wealth, su infancia transcurrió en las Bahamas e hizo el bachillerato en algún lejano internado de Escocia. Creo que el color de su cabello tenía más que ver con la henna que con supuestos antepasados celtas, pero todo era posible en él.
Vivian Thorpe era enfermera de profesión y alta directiva de una empresa multinacional de sanidad. Uno de sus últimos empleos había sido como directiva de un hospital en El Cairo. Tenía un delicioso duplex de dos pisos con un pequeño jardín cerca del barrio de Brixton.
Stev interpretaba algún héroe mitológico en una sugerente versión de Medea programada en uno de los "fringe theater" más emblemáticos y antiguos en las proximidades del Támesis.Siempre me gustó más el término inglés que define el teatro que se hace en los márgenes de la ciudad y de la sociedad que el término "alternativo" acuñado muchos años más tarde en nuestro país. La compañía estaba integrada por jóvenes del barrio que eran lógicamente casi todos negros: "west indies" es decir indios occidentales, afrocaribeños afincados en la metrópoli de la rancia Queen Elizabeth.
Stev se ganó el sobre nombre de pequeño volcán por méritos propios cuando decidió instalarse en Madrid en 1981. También era conocido como la bicicleta loca. Folló con todos y cada uno de los hombres y mujeres que quisieron beneficiarselo entre los amigos y conocidos que encontró através mío. Era un auténtico volcán en erupción y no preciasmente por las cenizas: "besar a un fumador es como besar un cenicero decía".
Amaba las bicicletas, las cometas y el sexo por encima de ninguna otra cosa. El me llevó a Hampsted Heath a volar sus cometas con singular maestría. No tuvo ningún mérito por mi parte hacerme su amante, era una persona muy abierta, optimista y activa. Juntos viajamos a Bornemouth con su madre para alojarnos en una pequeña y señorial mansión de unos amigos de la señora Thorpe durante un fin de semana. Fue allí donde compre un viejo tandem de los años cincuenta. Los dos teníamos un tandem, los dos los pintamos de rosa y ambos terminaron viajando hasta Madrid por ferrocarril, primero el mío al finalizar mi contrato en la Universidad y después, inesperadamente el suyo y su volcán. Terminamos haciendo un bonito viaje através del cabo de Ajo, combinado el tren, las barcas que cruzan la Bahía de Santander primero y la ría del Asón después y naturalmente las bicis. Stev sólo en su flamante tandem de carreras, yo y la señora Thorpe en mi
tandem de cicloturismo. Ambos tandems fueron meticulosamente desmontados y sus piezas intercambiadas en una promiscuidad de pedales, manillares, sillines, ruedas, frenos, cambios de piñon y pedaliers. Ya he dicho que las bicicletas eran una de las pasiones del pequeño volcán. En unos años en que pocas personas se atrevían a circular en bicicleta por Madrid, Steve viajaba todos los días hasta Alcala de Henares para ganarse la vida dando clases de inglés.
Juntos compartimos teatro, bicicletas, cometas y amantes hasta que la vida nos fue separando.
La señora Thorpe no estaba acostumbrada a convivir con su hijo y cuando Stev se trasladó a Londres una vorágine de posibilidades se abrió ante sus ojos como un libro en blanco interminable con múltiples y muy diversas posibilidades. Ella debió pensar que yo era algo más sensato que su hijo y podría aportar algo de coherencia en tanto caos. Terminó comprándole una buhardilla en la plaza Mayor a donde subía y bajaba cada día su tandem por una estrecha escalera que accedía al tercer piso -o era el cuarto?
Dejé de ver al pequeño volcán después de que hubiera pasado por todas las camas imaginables de la villa y corte.
Años después supe que se había hecho musulman, compartía su vida con una mujer que ya tenía varios hijos a los que decidieron añadir alguno más entre los dos.
Nunca podré olvidar su vitalidad, su locura, sus bicicletas y sus cometas, ni tampoco a la curiosa señora Thorpe. Es verdad que cada persona es un mundo, pero algunas son un universo totalmente inesperado.

idea para un monólogo